La sobreestimulación y sus efectos
Uno de los pilares del rasgo de Alta sensibilidad es la sobreestimulación, esto es, como consecuencia del procesamiento profundo de la información que recibimos tanto del exterior como de nuestro interior, nos estresamos, nos saturamos. Absorbemos mayor cantidad de información y la procesamos de forma diferente, y esto nos puede llegar a abrumar.
Es por ello que es importante, más de lo que creemos, hacer lo posible por conseguir un nivel óptimo de estimulación. Y esto significa que necesitamos menos estimulación que las no PAS. Vivimos en una sociedad altamente estimulante y además asumimos más responsabilidades o más placeres incluso de los que somos capaces de gestionar.
¿Qué ocurre cuando nos sobreestimulamos? Si es la respuesta a un estímulo repentino, una oleada de adrenalina hace que nuestro corazón lata con más fuerza y nuestros músculos se tensen. Nuestro organismo se prepara para la supervivencia, esto es, luchar, huir o quedarnos inmóviles. Además, si consideramos que ese estimulo es amenazante, generaremos cortisol, la hormona del estrés. ¿Qué produce esta hormona? Desvía todos nuestros recursos organísmicos hacia la emergencia, suprimiendo nuestro sistema inmunitario, entre otras funciones, con lo que somos propensas a multitud de problemas de salud.
Si el cortisol permanece demasiado tiempo en nuestro torrente sanguíneo puede dar lugar a un estado de ánimo de miedo y ansiedad generalizada, en el que las preocupaciones y los pensamientos intrusivos son alimentados. Nos provoca falta de sueño y un estado de hipervigilancia, con lo que disminuyen nuestros niveles de serotonina aumentando las probabilidades de caer en estados depresivos.
No pretendo asustarte, yo también sé lo que es estar en niveles de sobreexcitación y por eso quiero que conozcas sus efectos para que pongas en acción formas de minimizar tu estrés.
Obviamente no es lo mismo una situación puntual de sobreestimulación que una sobreexcitación crónica. La primera puede hacer que te sientas abrumada, ansiosa, que tengas palpitaciones, que se te revuelva el estómago, se tensen los músculos, sobre todo del cuello y mandíbula, que te sientas a punto de estallar, etc.
Cuando esa sobreexcitación es crónica, como determina la palabra, nos sentimos impacientes, aparecen dolores o tensiones musculares crónicas, dolores de cabeza frecuentes, ansiedad, noches en vela o con despertares frecuentes, sentimientos de desesperanza y abatimiento, más llanto del habitual o llorar más de lo habitual…
Cada PAS es un mundo y por eso necesitas conocer cuáles son tus señales de sobreexcitación.
¿Conoces bien tus señales? En los próximos post, seguiremos hablando de la sobreexcitación y cómo lograr niveles más óptimos de excitación.
Hola, soy Ana Curto, Terapeuta para PAS.
Desde siempre me ha apasionado el mundo interior de las personas, aquello que no se ve a simple vista sino que se descubre con calma, paciencia y cariño.